EL PAPA FRANCISCO RECIBIÓ A LOS PARTICIPANTES DEL IV SEMINARIO DE ÉTICA EN EL GERENCIAMIENTO DE LA SALUD

El Santo Padre les dio la bienvenida y agradeció el trabajo del Presidente de la Comisión de Salud de la Conferencia Episcopal Argentina, Mons. Alberto Bochatey y del Director de Consenso Salud, Cristian Mazza.

(Vatican News) El Papa Francisco recibió en la mañana del 1 de octubre en el Aula del Consistorio del Vaticano, a los 70 participantes del IV Seminario de Ética en el gerenciamiento de la Salud. Al comenzar su discurso en español, el Santo Padre dio la bienvenida y agradeció el trabajo del Presidente de la Comisión de Salud de la Conferencia Episcopal Argentina, Mons. Alberto Bochatey, O.S.A., Obispo Auxiliar de La Plata; del Presidente de la Fundación Consenso Salud, el señor Cristian Mazza y de los entes de salubridad reunidos en el encuentro promovido por la Pontificia Academia para la Vida, centrado en diferentes temas de la salud que tienen gran impacto para la sociedad, basándose en la reflexión ética del Magisterio de la Iglesia.

“El mundo de la salud en general, y particularmente en América Latina, vive una época marcada por la crisis económica; y puede hacernos caer en el desaliento las dificultades en el desarrollo de la ciencia médica y en el acceso a las terapias y medicinas más adecuadas. Pero el cuidado de los hermanos abre nuestro corazón para acoger un don maravilloso. En este contexto les propongo tres palabras les propongo tres palabras para la reflexión: milagro, cuidado y confianza”.

El verdadero significado de hacer un milagro

El Pontífice reflexiona sobre cómo hacer posible un milagro en el ámbito de la salud, cuando en verdad de debe asumir el balance del costo-beneficio sobre la distribución de recursos que, necesariamente, está condicionada por cuestiones médicas, legales, económicas, sociales y políticas, además de éticas.

“Los responsables de las instituciones asistenciales me dirán, con razón, que no se pueden hacer milagros”, dice el Santo Padre. “Un milagro no es hacer lo imposible; el milagro es encontrar en el enfermo, en el desamparado que tenemos delante, a un hermano. Estamos llamados a reconocer en el receptor de las prestaciones el inmenso valor de su dignidad como ser humano, como hijo de Dios. Esta conciencia —si está profundamente arraigada en el substrato social— permitirá que se creen las estructuras legislativas, económicas, médicas necesarias para afrontar los problemas que vayan surgiendo”.

Velar por el cuidado de los enfermos

La segunda palabra propuesta por Francisco es el cuidado del enfermo, que no significa sólo la aplicación de la terapia sino que incluye también hacerse responsable del hermano, hacerlo sentir amado y respetado:

“Curar a los enfermos no es simplemente la aséptica aplicación de medicamentos o terapias apropiadas. Ni siquiera su sentido primigenio se limita a buscar el restablecimiento de la salud. El verbo latino “curare” quiere decir: atender, preocuparse, cuidar, hacerse responsable del otro, del hermano. De eso tendríamos que aprender mucho los “curas”, pues para eso nos llama Dios. Los curas estamos para cuidar. Curar”.

“Esa disposición del agente sanitario es importante en todos los casos, pero tal vez se percibe con mayor intensidad en los cuidados paliativos. Estamos viviendo casi a nivel universal una fuerte tendencia a la legalización de la eutanasia. Sabemos que cuando se hace un acompañamiento humano sereno y participativo, el paciente crónico grave o el enfermo en fase terminal percibe esta solicitud. Incluso en esas duras circunstancias, si la persona se siente amada, respetada, aceptada, la sombra negativa de la eutanasia desaparece o se hace casi inexistente, pues el valor de su ser se mide por su capacidad de dar y recibir amor, y no por su productividad”.

Generar confianza en los pacientes

La tercera y última palabra que el Santo Padre recomienda es la confianza, la más resaltante, pues de ahí depende el éxito de la cura del paciente. Confianza que se puede distinguir en varios ámbitos:

“Ante todo, como ustedes saben, es la confianza del propio enfermo en sí mismo, en la posibilidad de curarse, pues ahí estriba gran parte del éxito de la terapia. No menos importante es para el trabajador poder realizar su función en un entorno de serenidad, y ello no puede separarse de saber que está haciendo lo correcto, lo humanamente posible, en función de los recursos a disposición”, indica el Papa.

Ser portadores de esperanza de vida

Por último, Francisco insta a todos los presentes a seguir su trabajo incansable de humanidad asistencial, la cual requiere que los trabajadores de salud lleven la esperanza tanto al paciente como a sus familiares:

“Ponerse en las manos de una persona, sobre todo cuando está en juego la vida, es muy difícil; sin embargo, la relación con el médico o enfermero se ha fundamentado siempre desde la responsabilidad y la lealtad”- dice el Papa- “Debemos seguir luchando por mantener íntegro este vínculo de profunda humanidad, pues ninguna institución asistencial puede por sí sola sustituir el corazón humano ni la compasión humana. Por tanto, la relación con el enfermo exige respeto a su autonomía y una fuerte carga de disponibilidad, atención, comprensión, complicidad y diálogo, para ser expresión de un compromiso asumido como servicio”.

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